El verano en A estrada


En el estío, muchos turistas, sobre todo de zonas interiores, se lanzan a veranear, en una aventura precipitada y poco reposada que les sueñe llevar en muchas ocasiones a la playa más cercana que encuentran. Sin embargo, Galicia eleva el concepto de playa a la categoría de joya estética, de paraíso terrenal, de belleza reconfortante.

Un ejemplo de esta excelencia que puede encontrarse en Galicia la ofrece la impactante Playa de las Catedrales. En la Dehesa, pequeño enclave que pertenece a Ribadeo, se sitúa esta maravilla. Una de las mayores peculiaridades del lugar la favorece la marea baja, ya que, al retirarse el mar, los acantilados erosionados dibujan unos idílicos arcos bajo los que pueden pasear los visitantes.

La arena, el mar y el nítido horizonte no son el único concepto de esta playa. Las Catedrales ofrece al turista además un relieve repleto de sorpresas, entre las que encontramos numerosas cuevas, galerías y pasadizos naturales de una profundidad más que notable. El paseante que se adentra en esta playa puede corroborar de primera mano cómo la naturaleza y su mano de obra silente son una maravilla de la ingeniería y de la belleza del mundo.

Obviamente, la oferta de diversiones en Las Catedrales es mucho mayor que la simple admiración de la belleza. Hay zonas para el público más general y menos exigente, que puede masificar algunas zonas más abiertas de arena; hay espacios para que los más jóvenes acampen y puedan disfrutar del medio en plena libertad y en un marco incomparable; hay espacios acotados para practicar el picnic o para almorzar con la playa al lado y bancos y zonas de piedra para reposar plácidamente.

Las Catedrales es sin duda una delicia del Cantábrico. Ver amanecer y contemplar el crepúsculo son otras de las experiencias que el turista jamás olvidará. Ribadeo ofrece además a pocos kilómetros todo tipo de comodidades complementarias que los turistas pudiesen llegar a desear.