El Camino


Los viajeros que tomen la acertada e interesante decisión de hacer el Camino de Santiago deberán resolver en primer lugar la duda de saber qué ruta de las disponibles tomar. Una de las sendas más interesantes y tal vez menos exploradas es la del Camino de Santiago a Finisterre, la única que parte desde la propia Santiago.

El peregrino deberá en esta ruta caminar hasta lo que antaño era el fin del mundo, que en nuestros días coincide con los municipios de Fisterra o Muxía. Se trata de dos enclaves finales cargados de misterio, de belleza y de connotaciones jacobeas. Poco a poco, esta ruta está ganando más adeptos, toda vez que los caminantes empiezan a entender que no siempre el Camino debe tener como punto final la propia catedral de Santiago de Compostela.

Esta ruta va más allá de lo que el gran público conoce. El fin del mundo imanta a muchos peregrinos para los que Santiago sólo es el principio de una nueva caminata. Desde tiempos de la civilización romana ya el cabo de Fisterra era concebido como un escenario repleto de toda clase de creencias y supersticiones, lo que lo llevo a veces a estar vinculado con el milagro del propio sol y con la leyenda de fecundidad de Ara Solis.

También Muxía posee un fuerte componente jacobeo. El impresionante Santuario da Barca, construido de piedra y abierto a la interacción del mar, era considerado en la Edad Media como un lugar en el que la Virgen María había acudido en barca para alentar al Apóstol Santiago en su labor de prédica.

Es cierto que la vía de Santiago a Fisterra había permanecido en el último siglo un tanto olvidada. Sin embargo, hace tres años esta ruta logró su máximo histórico de visitantes, una prueba más de cómo los peregrinos pueden descubrir nuevas aventuras y experiencias en su recorrido.